LA ALQUIMIA SOCIAL

Neurodivergencias. Recordar, en tiempos de transición colectiva, cómo proteger la esfera de la coherencia. Cómo volver al eje que nos conecta con las redes esenciales y la universal.

Karla Fuentes

3/15/20269 min read

Adaptar todo lo que necesita hacer cada uno, a cada discurso de empatía social, hoy confunde mucho. Sobre todo si no nos tomamos el tiempo de conectar con el otro mirando también su territorio, algo de su cultura, historia económica-política, profesión, árbol e infancia… Por esto la empatía es necesaria para acompañarnos. Pero hay algo más esencial.

Las profesiones humanas vuelven los lentes con que vemos la vida de ciertos colores específicos, algunas más arcoíris, pero debemos entender que ninguna los hace nítidos, para que no vivamos viendo solo través de ellos.

Las carreras educativas no fueron hechas para aprender sobre la consciencia universal, sino sobre nuestra cultura. Y está bien. Pero hacer esa separación es importante.

Porque entramos a la era de la red de redes, la que unifica.


Recordemos que la primer potencia de consciencia, al expresarse en sus 12 aspectos, constelaciones, y en cada uno de los elementos químicos que componen todo lo que existe, ha creado la mayor tecnología para vivir aquí en la Tierra, esa tecnología es la biológica, la que estructura las redes internas más avanzadas.

Esas son el acceso a las demás y no las podemos conocer si no es recordando. Es decir, volviendo a unir los puntos y también al pulso del corazón: Re-cordis.

Hay tantos caminos para hacerlo, como seres vivos. Pero la esencia es UNA.

Esa esencia, el uno que somos todos, se manifiesta en múltiples fractalidades de dimensiones, planos, niveles, reinos y seres... entre ellos los humanos.

Nosotros olvidamos quiénes hemos sido a través de todos los tiempos por muchas razones, pero la principal es que vinimos a aprender de la dimensión donde la materia adquiere espacio, esta.

Esta es la dimensión de la maestría. Querer “Ascender” a otra es solo nuestra percepción lineal desde esta. En realidad todas las dimensiones están sucediendo ahí, contigo, donde estás leyendo. Ahí donde sentimos que nos atraviesa el tiempo, la vida.

El pasado, el presente y el futuro viven ahí. Todas las perspectivas de lo posible también. Todas las posibilidades también, el uno también.


Estamos entrando a la percepción de todos los tiempos en el mismo espacio. Le he llamado a esto: Kairoscepción. Pues nuestra manera de medir el tiempo se ha desfasado y harán falta términos para entender lo que estamos transitando.

Son nuestros lentes los que, a veces, no nos permiten ver otros espectros.


VIVIR EN LA TIERRA.

Recuerdo que cuando era pequeña los libros de texto escolares me confundían mucho.

Me di cuenta que lo que enseñaban no era para aprender a vivir en la Tierra, sino en determinada sociedad. Y, para no quedarme “atascada” en preconceptos comencé a interesarme por otras culturas, para aprender la información real de los territorios. Pero cada vez que intentaba leer un libro veía que las historias contadas ahí tenían otra finalidad y estaban empañadas. Y me sentía mucho más confundida.

En esa etapa, unos seres enormes blancos comenzaron a darme lecciones sobre las dimensiones. Y yo me desesperaba al "despertar" porque no sabía qué hacer con todo lo que aprendía. Y tampoco podía expresarlo plenamente. Hasta que un día, en momentos de elegir carrera, desaparecieron. Me desconecté. Según yo me estaba adaptando a ser yo en la sociedad.

Así que comencé a conocer personas de otras culturas y me di cuenta que así también podía leer la realidad del planeta.

En muchos momentos, gracias a ese contacto real con cada una de esas personas que portaban su información, pude ir recordando, hilando. Pero pasaba algo…

Cada vez tenía que tomarme tiempo para separar lo que era suyo, su recorrido evolutivo, su historia, de su zona geográfica… de lo que creabamos juntos y de lo mío. Estar abierta a recibir esa información significaba no solo aprender del planeta o las civilizaciones que pasaron por sus territorios, sino de su cultura actual, lo que había moldeado su pensamiento específico, lo que sentía, lo que hacía hoy… y me sentía muy saturada. No podía sostener eso y lo que exigía una vida normal, me sentía dividida. Así que comencé dos carreras a la vez que las ejercía. Luego empecé a buscar referentes de otros rubros que sentía debía integrar. Organizaba talleres y encuentros con quienes veía que tenían experiencia en sus ramas y comencé a armar mi propio plan de formación. He conocido y acompañado a personas increíbles.

En esa etapa vinieron manifestaciones como Ka y Ra y otras que me explicaron que era momento de volver a la escuela del Ser, donde me dijeron básicamente dos cosas: “Vivirás y aprende a vivir en la Tierra.” Y conocí el término Idilien.

Ahí comencé a viajar más por el territorio donde nací, para entender primero mi propia cultura a través de la mayor cantidad de estados que pudiera.

Y fui aprendiendo algo esencial: Cómo la presión atmosférica, además de las características de la tierra que habitaban, moldeaba su manera de respirar, con ello su espiritualidad y su manera de entender la unidad que habían olvidado.

LA RED PLANETARIA Y LA HUMANIDAD.

La glándula central que nos recuerda la red planetaria, es un portal que, al crecer, va tejiendo un velo para ayudarnos a integrar una experiencia totalmente nueva, sin las inercias y el dolor anterior y centrarnos en lo que somos hoy y vinimos a hacer. Pero el plan nunca fue desconectarse del todo.

Hoy están sucediendo dos cosas simultáneas en la humanidad:

Las consciencias están despertando (o reconectando) y los patrones de las estructuras que las han sostenido por toda una era están transformándose.

Es como estar abriendo el ojito al primer rayo de sol (derritiendo cada uno de los lentes que habíamos usado hasta ahora) y, a la vez, el hub cerebral que nos conecta a esa gran red esté siendo interferido por 5g, bluetooth y otras que nos desorientan.

Lo vemos en las abejas (ellas ven esa red).

Muchas veces nuestra brújula interna pierde el eje para navegar el océano del subconsciente y aprender de su mapa.

Por eso hay que aprender a recalibrarla.

Para ello, lo más esencial es:

  • Reaprender a respirar (espiritu - spirit - spirare - respirare) descalzos -y a reír-,

  • a beber el agua,

  • a mirar el fuego,

  • a destilar el cuerpo,

  • a exponernos a las luces cuando es de día y a la oscuridad cuando es de noche.

Y a proteger nuestro panal, nuestra pineal.

Esto se hace volviendo a los ciclos de la tierra.

Aprendiendo a HACER al ritmo del calendario femenino y el masculino, es decir, las lunaciones y las estaciones.

Porque el tiempo se nos ha roto.

La aguja de la brújula requiere volver al eje para andar en el mapa del planeta con consciencia de la nueva información a la que estamos accediendo hoy: la de todos los tiempos en el mismo espacio.

Por eso no necesitamos más información desordenada afuera, nos necesitamos a nosotros, enteros, en eje. Protegiendo la esfera que ordena internamente.

La esfera se protege por Coherencia.

Cada Equinoccio es una oportunidad para recalibrar esa coherencia, con el gran reloj universal.

Los Equinoccios de Primavera y de Otoño son los momentos en que la Tierra está en equilibrio en línea perfecta entre luz y sombra en ambos polos, atravesada por el ecuador. Como cuando ambos ojos ven claramente en unidad.

Esa es la cruz que protege el eje, esa es el cristo que nos heredó la era de piscis, la cruz de la coherencia planetaria.

Desde los cuatro fundamentos universales:

Expresión, Experimentación, Integración y Trascendencia,

el primero es la expansión del Ser.

En el hemisferio sur es ese momento. En la Tierra equivale al proceso de Primavera, momento de sacar lo que está adentro hacia afuera, de crear. Los días comienzan a hacerse más largos, van ganando luz.

En el hemisferio norte es el momento de ir hacia adentro, un llamado hacia la revisión. A dejar ir, soltar las cosas que hemos hecho, los proyectos que hemos realizado. Liberar las expectativas de lo que hemos creado y comprender, esto sería la integración.
Las noches comienzan a hacerse más largas y los días van perdiendo luz.

Para hacer esta recalibración y hacer nacer lo nuevo, desde Human Hubs Xperience estamos promoviendo que podamos reunirnos los días de Equinoccios y Solsticios.

EL POR QUÉ Y EL PARA QUÉ.

La red planetaria siempre ha estado ahí. Pero nosotros la volvimos consciente. Los antiguos trazaron a través del espacio los diferentes puntos que iban a conectar los centros de poder de la Tierra.

Se buscó que en los 72 puntos nodales del Pentaquis Dodecaedron, es decir los 20 del icosaedro y los 12 del dodecaedro que forman 32 puntos, más el centro de la tierra que los une a todos -y son los 33 puntos-, la consciencia del mundo se unificara físicamente.

Aunado a eso, hay 5 puntos más en cada nodo del dodecaedro, que lo sostiene y conforma los otros 60 alrededor, más el icosaedro. Esto conforma los 72 fundamentales mirando al centro de la tierra y 92 físicos del planeta.

A esto, había que sumarle a su vez Norte, Sur, Este y Oeste. Pero como la Tierra no es exactamente esférica, en su movimiento no encontramos un punto que sea fijo en el espacio físico; estos puntos debían estar conectados a través del factor Tiempo.

Es decir, que gente debía estar dispersa por el planeta en esos 33 puntos del mundo y reunirse 4 días al año, todos al mismo tiempo, en esos espacios. Esto era la Gran Reunión.

Más allá de las diferentes culturas que surgieron, en cierta forma queda el registro de que hay cuatro días en que todos deben estar unidos.

Estos 4 días iban a ser los dos Equinoccios y los dos Solsticios, Primavera, Verano, Otoño e Invierno.

Entonces, para que la red de Consciencia Planetaria se haga consciente, se debe hacer desde el Espacio y el Tiempo.

En el espacio el movimiento es geométrico. Se toma el Pentaquis para armar los puntos físicos por los cuáles la consciencia se ancla en la materia.

Una vez que tenemos el espacio físico (y ya lo tenemos), el factor temporal es el que completa la alineación de la cruz.

Así toda la red entra en resonancia.

La invitación es a participar en las experiencias, o que se encuentren, o se conecten desde su casa con la red, observen esos 33 puntos en el planeta y comencemos a marcar una tendencia año a año para que durante Equinoccios y Solsticios nos podamos reunir todos alineados en mente, emocionalidad y materia.

Estando todos en el mismo propósito.


LAS FUENTES

Para toda esa información hay fuentes, sobre todo hoy, pero ¿qué sucede?

Que están fragmentadas. Ramificadas en "corrientes" que parecen no tener que ver una con otra.

Ahora mismo ya hay una cantidad suficiente de personas que sienten una especie de llamado a hilar los puntos.

Hace más de una década comenzamos a sentir ese llamado.

En aquel momento creé Movimiento Conciencia para recorrer territorios, religiones, ciencias, terapias y todo lo que pudiera sembrar el cielo en la tierra, reuniendo básicamente ciencia y espiritualidad.

Ahora es momento de unir territorios y consciencias.

LA BIBLIOTECA UNIVERSAL

Esta biblioteca está disponible para todos.

Akasha no es una dimensión esotérica a la que solo los “elegidos” acceden.

Los registros Akáshicos están en el éter, en la información de los campos y del ambiente que percibimos cuando, proceso a proceso, vamos afinando nuestro Sensus (nuestros sentidos y capacidades de orden y percepción), cuando corresponde.

Para poder hacerlo primero hay que aprender a sublimar nuestros sentidos, cada quién a su forma...

El olfato se modificó cuando respirar el aire se volvió peligroso,

El tacto se condenó cuando acercarnos y sentirnos se volvió una amenaza.

El oído se desorientó cuando las ondas comenzaron a ser insostenibles.

El gusto disminuyó cuando dejamos de reconocer los alimentos y esencias que canalizan luz en la Tierra.

La vista ensombreció cuando las luces aparecían y desparecían todo el día

... y las pantallas nos reflejaban nuestra propia proyección de nosotros.

Pero haciendo lo primordial comenzamos a recalibrar y unificar las redes.

NEURODIVERGENCIAS

Lo que hoy llamamos “neurodivergencias” no son más que nuestras redes internas fractalizándose y ramificándose, por evolución. Y también fragmentándose.

Son nuestras redes interconectadas más potentes iluminándose dentro gracias a cada una de las dendritas hidratadas que se abrazan y con ello transmiten su información en pequeños destellos. Lo que llamamos “trastornos” no son más que esas redes buscando sostenerse en el contexto, en lo externo, para el cuál aún no tenemos estructura.

Para construir esas estructuras en la sociedad debemos primero aprender a destilar el cuerpo, las emociones y la mente sin dañar a otros.

El cuerpo se destila sudando y llorando.

Las emociones dejando salir la vibración del sonido y haciéndolas movimiento.

La mente dando paso a las imágenes y palabras, a veces incoherentes,

para que luego pasen a la coherencia.

Todo esto da espacio al vacío,

para sostener la navegación en la nada,

para integrarnos como humanidad mientras damos a luz lo nuevo.

Esta transición es la que viviremos en los próximos años.

Y estamos listos para vivirla, sino, recuerda, no estaríamos aquí.


Karla Fuentes.